Jose Ostos: Presagio
Los ojos: ese prólogo -pensó tan como siempre.
No te conozco y ya puedo ver como nadie en tu vida te va a conocer así. Como yo. Ahorita -también pensó eso.
Horas jugando juegos de ojos, como péndulos. Pacientes, constantes.
Los ojos gritan.
Estrellábanse violentos. Llenos de piel, de sábanas,…



